lunes, 20 de octubre de 2014

AUSENCIA ORDENADA









La música sonaba en el gramófono, impertérrita, como una suave brisa. Una bruma sobrevolaba la habitación, apenas se distinguían los detalles… Un viejo escritorio de madera, con su máquina de escribir, la cama a un lado y un armario destartalado. En el fondo, unas cortinas corridas y una silla que no estaba en su sitio.  Desorden, todo esencialmente desordenado, pero no sucio. Parecía un desorden ordenadamente colocado. Y en la Olivetti una hoja a medio escribir.

Abrió la puerta de golpe, sin esperar a que nadie le respondiera. Olía a quemado. De repente vio cómo la hoja de la Olivetti se iba chamuscando y arrugando mientras un rayo de sol atravesaba la ventana. El fuego avanzaba muy lentamente. Se sentó en la cama y lloró, pero no sabía muy bien por qué. ¿Porque la habían abandonado o porque el olor le irritaba los ojos? Por segunda vez en su vida lloraba y no sabía la razón. Sí, se había ido, pero era un abandono esperado. Pensó también en su hija fallecida y lloró todavía más. De repente, se levantó, apagó la llama, abrió la ventana y ordenó la habitación. Al menos el caos no se apoderaría de ella.


P.N.T.

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