Subió al coche de sus amigos una mañana de agosto. Eran cuatro, se iban de viaje a Donosti y la expectación era grandísima. Se alojarían donde siempre, en el albergue de la ladera del monte Igueldo. Iban a pasar un fin de semana celebrando un cumpleaños y la amistad, así que ya con eso había mucho que celebrar.
Al poco de arrancar, una de sus amigas le dio un regalo por su cumpleaños, -de parte de todos- le dijo. En apariencia poca cosa, un álbum verde que debía ser abierto y leído. Estaba nerviosa, a ella le gustaba regalar más que recibir y no podía evitar tener un gusanillo en el estómago. Se dispuso a abrirlo.
En la primera página había una explicación de lo que se iba a encontrar ahí dentro: una recopilación de fotos y textos escritos para ella. Por momentos sintió un calor inmenso en las mejillas. Sin duda, se estaba sonrojando.
El primer texto tras alguna foto era de una amiga (y su madre) confesando que se le podía hablar con franqueza y que siempre tendría un techo para cobijarse. Y era verdad.
La segunda amiga que le escribió, resaltaba que había que estar motivada para coger un boli y un folio en mitad del verano. Ésto no lo dijo ella sola. En pleno agosto hace calor y pensar con el asfalto asfixiándote no es lo más placentero por esas fechas. Esta chica le dijo que una de las virtudes que más le gustaban era su sentido del humor. Y le agradecía hechos pasados que le habían llevado hasta aquel momento. Se podría decir que esos hechos siguen marcando sus caminos.
Después de fotos "cachimberas" un folio con algo escrito a ordenador. Era de una persona que no se encontraba por esos lares, pero que había mandado su texto vía e-mail. Las nuevas tecnologías también aparecían en este álbum mágico. Una amistad casi recién nacida, pero con mucho bagaje, sobre todo emocional. Y decía que no hay que tener cara de buena persona para serlo y le pedía que no cambiase nunca. Algo que creo que no ha hecho, al menos en lo básico.
Pasando fotos de cuando ellas eran pequeñas, una la sorprendió con una hoja muy cinéfila y por lo tanto muy original. En ella, hablaba de su primer encuentro y de cómo habían pasado los años pero todo seguía igual. Le hizo sonreír de ilusión.
Más fotos de proyectos de personas y tras ellas, una hoja peculiar con los bordes quemados, como la primera. En ella se exclamaba "¡Oh, dulce flor!" bromeando, mientras agradecía el haberse molestado en conocerla por quién era y no por la edad que tenía. Sigue siendo así con la gente.
Pasó por fotos del Pozí, de cervezas antes de hora...y apareció alguien llamándole "Cosa". Hablaba de las crisis en las relaciones de amistad y de una conversación que se había producido años antes y que recordaba con nitidez. Resaltaba cómo habían podido olvidar las diferencias y seguir queriéndose. Creo que a pesar de la distancia lo siguen haciendo.
Y después de eso, una foto con Ismael Serrano de protagonista y una cena que aún le dolía recordar, incluso en fotos. Y con ella un texto precioso, de la persona que le había entregado el regalo. La describía como una persona que reducía al máximo la importancia de lo material otorgándosela de lleno a pequeños detalles de la vida diaria. Y nombraba a Ismael, a Les Luthiers, a Galeano... Y terminaba diciendo que era una amiga de primera. A pesar de los pesares, lo sigue siendo.
Y fotos joteras, de disfraces y cachibaches...y más cerveza. Y una foto de una pareja. Primero escribió él, después ella. Él, con flores gracias a sus tachones, hablaba de una bellísima persona y ella, somnolienta, le escribía a altas horas de la noche y con faltas de ortografía alabando su paciencia, su corazoncito, su sonrisa y su valentía. Siguen siendo pacientes y valientes los unos con la otra y viceversa.
Más fotos "alcohólicas" y un hueco. Un hueco para alguien muy especial y peculiar, que tardó casi un año en escribir algo para ella. Un agradecimiento por estar ahí, incluso en la lejanía, por quererla, por confiarle sus secretos y sus vergüenzas... Una casita pintada y una ilusión que seguía intacta. Y sí, aún continúa.
De contraportada una foto que colocó la cumpleañera tras su fin de semana en Donosti. Él, parado en doble fila, haciendo el ganso, como muchas otras veces. Ah! Y una flor, de su amiga la del ordenador, un regalo de los olores de su campo. No podía ser otra cosa que algo de campo...
Ella recibió una sorpresa especial por su 26 cumpleaños. Algo que guarda con amor, entusiasmo, orgullo y cierta nostalgia. Ellos ya no lo recuerdan, pero a ella la hicieron sentir la persona más especial durante un buen tiempo. Y se sabe, de buena tinta, que no se arrepiente de haberse encontrado con esas grandes personas y de seguir queriéndolas.
Y colorín colorado... esperemos que esta historia no haya terminado.