
Foto: Blanca G. M.
A mí en particular me afecta y mucho. Comienzan los cambios de tiempo, las lluvias, cae la noche antes - a partir de hoy va a ser un horror-, la luz es distinta... Desde que ha empezado el otoño de verdad -para mí empieza en octubre cuando el cierzo aparece- sólo he escrito una vez en el blog y me cuesta hacer cada cosa un potosí. Los dolores se triplican, suelo ponerme enferma -esta vez ha sido el Crohn, mañana maravillosa colonoscopia- y me cuesta levantarme más de lo normal porque no duermo bien. Y eso que este año me siento mucho mejor que antaño. Vivo en pareja y eso me ha hecho más fuerte, lo sé, me voy conociendo. Mientras caen mis hojas caducas, van apareciendo hojas perennes que construimos con amor y esfuerzo. Y cuando una esta mal, la otra le ayuda y viceversa. Y si un día nos encontramos mal las dos, dejamos que pase, sabiendo que mañana será otro día. Es mucho más bonito vivir el otoño acompañada, por eso este año sufro menos. Otro motivo para sentirme feliz.
Así que si sois de los que en esta estación veis todo gris, pensad más allá de vuestra inseguridad y apoyaos en lo que os mantiene a flote en los momentos malos. Pensad en lo bueno que vendrá e id dando pasitos poco a poco, aunque sean cortos. Yo es lo que pienso hacer. Y da igual si vivís solos o con una ristra de gente en casa. La soledad es muy jodida y aparece en los lugares más insospechados. De hecho el sentimiento de soledad y el otoño van de la mano. Yo no me pienso dejar, porque espero cosas grandes de este otoño, del invierno y de la primavera que vendrá. No pienso perder más hojas que las estrictamente necesarias y no voy a perder mi arma secreta, mi sex-appeal. Quien me conozca sabe que estoy buenorra de la muerte. ¡Hala pues!
"Se va la tarde y me deja
la queja
que mañana será vieja
de una balada en otoño".