
Julia Aguiar
En dos días pasamos de decidir el día de nuestra boda -con los problemas que eso parece conllevar y que me importan bien poco- a que me bajaran el sueldo planteándonos de nuevo cómo puede ser nuestra boda sin que nos arruinemos y con la mala leche que conlleva que un gobierno supuestamente de izquierdas tenga tan malas ideas. Y cuando esos dos días parecían que ya terminaban, a mi prima la atropella un borracho cabrón y se te pasa todo por la cabeza menos las preocupaciones de esos dos días anteriores.
Y es que la vida siempre nos da un toquecito en el momento oportuno y nos dice qué es lo realmente importante. Lo que importa es la salud, la tuya y sobre todo la salud de los que amas. El cómo se toma la familia que me case con una mujer y el perder un 5% de tu sueldo siguen siendo dos contratiempos, pero se pueden superar.
Esta tarde nos vamos a Madrid a darle ánimos a mi prima y a toda su familia, porque los próximos meses van a ser duros. De paso, como otra tía mía pasa por una enfermedad muy dura, pasaremos por Alcorcón para que sepa que la queremos. No es un viaje de placer en sí mismo, pero es lo que apetece. Comprobar que mi prima sigue siendo una vitalista por naturaleza aunque tenga unos dolores terribles y ver cómo mi tía sonríe un poco cuando nos vea. Ahora toca eso. Ya habrá tiempo para celebrar el día más feliz de mi vida y también tendré tiempo para movilizarme por unas medidas que considero injustas.
Sí, así es la vida. Pasas de la felicidad y la ilusión a la preocupación en unos segundos. De la risa al llanto en un suspiro. Y doy gracias por poder disfrutar de ella, porque cada segundo cuenta.