
En las últimas semanas he comenzado a escribir posts que luego dejaba a medias. Unas veces porque no me convencía lo que decía (eso es malo no, lo siguiente) y otras porque decía cosas muy bestias que podrían leer alguno de los aludidos. Y aunque el espíritu navideño que llevo dentro recorre parte de mi cerebro para instalarse en mi nariz, he decidido no echar más leña al fuego, más que nada por si me quemo.
Ésta es una Navidad rara y no desfasa mucho de mi historial navideño. Estoy con la persona que más quiero y por ello me siento bien, pero como siempre, nos dañan cosas ajenas a nuestra voluntad. Situaciones difíciles para las dos, personas sin corazón...y ese maldito y poderoso caballero que es Don Dinero. Si no fuera porque mi madre se recupera de una operación a pecho descubierto, para rato estábamos mi pareja y yo sufriendo el frío desalentador de nuestras casas. Con mucho o con poco nos habríamos fugado a tierras más cálidas, con más amor que ofrecer y menos daño que hacer. Puede que aún así la sombra fuera demasiado alargada, pero estaríamos refugiadas al lado de una ventanita por la que salieran los rayos de luz.
Así que a todos aquellos que aun siendo conscientes, hacen daño porque es su afición preferida, que les den. Al año que viene yo no trago, lo digo en serio. Ni en un sentido ni en otro. Al año que viene las cosas serán más fáciles porque ya no me pillarán desprevenida. Y pienso ser feliz, le pese a quien le pese.