
Yo nunca había querido casarme. Desde jovencita lo tenía muy claro, sería madre soltera, me dedicaría a lo que me gustaba y por supuesto estaría con el tío más maravilloso del mundo... Eso sí, sin casarnos y porqué no, viviendo uno al lado del otro.
Claro que a los ocho años,cuando me preguntaban las monjas y mis amigas del colegio, yo decía que iba a ser maestra -monja imposible-, que en el 2000 tendría tres hijos y estaría felizmente casada. Está claro que cuando somos pequeños no tenemos ni idea de lo que nos va a deparar la vida. Pero ni idea.
Y es verdad que he llevado a rajatabla lo de no querer casarme. De hecho, nunca había tenido relaciones muy serias y a todos los chicos los terminaba espantando cuando me decían que me querían. Está claro que el compromiso no era lo mío.
Ironías del destino, siempre he sido muy romántica, excepto con mis relaciones. Será cosa de las pelis que me tragué de chico conoce chica, se enamoran y chico y chica terminan siendo felices y comiendo perdices. Pero para mi vida... como que no me veía.
No me quería casar hasta hace casi un año. Hasta que, por causas que aún no tenemos muy claras, nos conocimos, surgió el flechazo, nos enamoramos y todo mi anterior mundo se vino abajo. Y menos mal que se vino abajo.
Recuerdo que nos conocimos el domingo de ramos y empezamos un domingo de resurrección. ¡Toma ya! Es verdad que resucitamos, ya que pensábamos que nuestra vida pasaría de largo sin contar con nosotras y no lo hizo. Y de aquello, dentro de diez días, hará un año.
Hará un año que me comprometí. Hará un año que hinqué la rodilla y me tragué palabra por palabra todo aquello que mis amigos me decían que era el amor y yo no les creía. Hará un año que decidí que quiero compartir mi vida con esa persona y por supuesto casarme con ella.
Así que la moraleja está muy clara: Deja de pensar en lo que vas a hacer en tu vida y en cómo quieres que sea, porque cuando menos te lo esperas, llega la vida, te coge por las orejas y te coloca en el sitio adecuado en el momento adecuado. Lo demás corre de tu cuenta y riesgo. Aprovecha y no dejes pasar ese momento. Puede que, como yo, tengas suerte y te encuentres con tu persona... y ella te encuentre a ti.
Aquí os dejo una historia de amor, pese a las dificultades, una bella historia de amor. "Si las paredes hablaran. Mujer contra mujer". De las tres historias os pongo la que más nos define. La 3ª también está muy bien (parte en barra lateral). O podéis verla entera, no?
Y los demás enlaces: