miércoles, 9 de febrero de 2011

Tuberías enrevesadas...


Tras "arreglar" la tubería y sacrificar parte del armario he de decir que la tubería sigue sangrando agua.
Sí, amigos, esto es el cuento de nunca acabar... Más o menos como mi vida.

Se arregla una tubería más o menos como se puede arreglar una rodilla, ¿no? Pero resulta que la tubería sigue estropeada al igual que la rodilla no funciona. ¿Solución? Cambiamos el codo de la tubería -ya lo podían haber cambiado antes, la verdad- y como en la rodilla eso ya sucedió anteriormente, intentamos mejorar la rodilla con unas infiltraciones.

Y algunos diréis: -Bueno, tampoco es para tanto...- . Es verdad, la tubería lleva mal un mes y algo, pero la rodilla está fastidiada desde hace casi 13 años.
Otros diréis: -¡Pues sí que es quejica la moza!-. No os faltará razón, pero como es mi cuerpo y me duele y encima estoy escribiendo en mi blog... Vamos, que es lo que hay.
Los más listos añadiréis: -Pues vaya metáfora rancia que nos ha embutido la tía-. No os culpo, pero como dentro de una semana hago 3 meses de baja (y no me dejan cogerme el alta), como que ya no sé ni expresarme decentemente.

Eso sí, para los que digan que me quejo -sí, me quejo, porque me hicieron mal mis paternos, copón-, que sepan:
Que si a eso le añadimos un brote de mi estupenda enfermedad (esa espondilitis de mis amores), más artritis en las manos, más sabañones en los pies (creía que esto era de la posguerra), más que ayer me dijeron que me tienen que quitar la tiroides y por lo tanto tomar más medicación de por vida... Y que encima hace hoy una niebla que no se ve más allá de 50 metros... Pues sí, soy una quejica, pero una quejica con muy mala hostia.

Y sé que la mala hostia me sacará adelante otra vez, aunque me tenga que oír de nuevo: -¡Ay, si es que no trabajas nada, con gente como tú no me extraña que estemos en crisis-. Pero lo que sobre todo me hará seguir por mi camino es mi niña, la que sabiendo lo que había, decidió quererme por ser como soy y no por estar como estoy. ¡Y brindo por ello!


jueves, 27 de enero de 2011

Surrealismo cruel.


Iba a escribir sobre cómo está el mundo; sobre leyes Sinde y otros paralelismos que se dan en la vida "real"; sobre divorcios; sobre por qué lo diferente asusta y además separa... En fin, iba a vomitar en mis dominios, que para eso son míos.

Pero el caso es que esta tarde ha pasado algo tan surrealista en esta casa... Sí, obviamente voy a hablar sobre mis dominios terrenales -son de mi pareja y míos y ante todo son del banco de turno-, pero no voy a vomitar sobre ellos.

Llega el fontanero a casa. Hace días que nuestra cocina pierde agua, entre otras muchas cosas (lo del electricista ya no tiene nombre) y hoy por fin iba a arreglarlo.

Como ya nos había comunicado, el fontanero se tiene que cargar la parte trasera de un armario, porque a un gilipollas cuyo nombre no voy a mentar, un tal Julian sin tilde, se le ocurrió pegar los muebles de la cocina con silicona y ahora no hay dios que los saque. Al mismo tiempo que sierra que te sierra, nuestro fondo de armario -je,je,je- llama al "portero automático" nuestro querido Julian y sucede lo siguiente:

Ruido de fondo de sierra convencional. Timbre sonando al fondo.
-¿Diga?- Digo yo.
- Soy julian.
- ¿Sí, diga?- Repito mientras pienso que ni de coña le abro la puerta.
-Soy Julian, abre.
- ¿Diga?- Y cuelgo el telefonillo, porque me entran instintos asesinos y el tío está mil veces más cuadrado que yo.
- ¿Quién era?- Me pregunta mi fontanero.
- El gilipollas que siliconó toda nuestra cocina.- Respondo sin ironía alguna.
- ¿Es que le has llamado?
- ¡No! Pero de vez en cuando llama.
- ¿Y para qué llama?
- Supongo que necesitará dinero y tendrá ganas de jodernos alguna cosa más de la casa- Espeto yo, con crueldad desenfrenada.

Tras dos minutos serrando y destruyendo el fondo del armario cual Chuck Norris pegando patadas, me dice mi fontanero:
- Je, pues por aquí parece que no pierde agua.
- Pero... dijiste que perdía agua por esos codos.- Mi desesperación se nota en la entonación.
- Pues de mometo no pierde agua. Lo vigiláis esta noche y si acaso me llamáis mañana.- Dice él, con sonrisilla y todo.
- Ya, pero es que hemos roto el mueble.- Comento, mirándolo fijamente.
- Claro, pero es que si no no podíamos cerciorarnos de si perdía agua por ahí o no. Bueno, me llamas, ¿vale?. Recoge sus cosas y va hacia la puerta.
- Mmmm, vale.- Mi voz se empequeñece de repente.

Esto ha pasado hace menos de una hora y ya no me quedan ganas ni de reír, ni lágrimas que mojen las baldosas de la cocina.

¿Lo peor de todo? El surrealismo convertido en realidad da asco.


lunes, 24 de enero de 2011

Mi Audrey Hepburn.


Yo creo que la escogí al nacer. O ella a mí. No lo tengo muy claro, ni tampoco está hablado. No hace falta. Sólo sé que es mi mayor recuerdo del pasado (el mejor junto a mi yaya), que es una flor entre tanta mala hierba y que estoy orgullosa de que me acompañara aquel día de septiembre. Y lo que nos queda.

Ya de pequeña era ella la que se ocupaba de mí. Supongo que para alguien siete años mayor que yo, tampoco era tan bonito tener a una mocosa pegada todo el día. Aunque yo creo que era bastante autónoma, pero no lo suficiente como para hacerme las cosas de la vida cotidiana.

Sí que recuerdo cómo me empezó a meter el gusanillo de la gimnasia rítmica. Cómo me tiraba y me recogía y si me hacía daño me decía: "Si lloras ya no jugaré más contigo". Y yo, que estaba ensimismada, cortaba mi llanto y me sorbía los mocos. Y siempre fijándome en ella, que era para mí como esas estrellas que otros idolatran, tan elegante como su "Audrey".

Aunque ya era un poco salvaje, fui entrenada por ella un par de años, lo recuerdo muy bien. Fueron mis dulces diez y once años. Supongo que fue casi una pesadilla para ella, pero que conste que para mí, a veces era una tortura china. Las del equipo lo pasábamos muy bien, nos divertíamos y éramos una piña. Ella exigía, pero sobre todo me exigía a mí y no me perdonaba ni una. Cuando llegábamos a casa, me seguía "machacando". Recuerdo cómo me ponía con las piernas abiertas y yo tenía que alcanzar una moneda de cien pesetas con las manos, de tal manera que lograra tocar el pecho con el suelo, pero ella la iba alejando más y más para que mantuviese esa posición que, sinceramente, me dolía. Al final, si me había esforzado lo suficiente me daba el dinero.
En esa época experimenté algo muy raro. Ella me entrenaba, pero yo nunca salía en los campeonatos -algo muy duro para una persona competitiva y deportista como yo-. Yo siempre decía: "Es que, aunque sea mi hermana, me tiene manía". Vale, no era la mejor ni de casualidad, pero una vez llegó a sacar a una niña muy sosa -pero mucho-, por no sacarme a mí. Ella dice que no lo recuerda, pero eso a mí se me ha quedado clavado. Lo último que me dijo como entrenadora fue: "Yo creo que serás más buena si sigues jugando al baloncesto y dejas la gimnasia"... Tenía razón.

Cuando llegué a la más tierna pubertad, ella ya me explicaba casi todas sus cosas. Me dejaba ropa, me enseñó a pintarme, cotilleábamos sobre sus novios y me hablaba de moda -a ella le apasiona-. En vez de alejarnos en esa época, creo que nos unimos más, porque por fin podía hablar conmigo un poco más seriamente. Me regaló mi primer libro de Katharine Hepburn (soy una frikie), me sacaba de vez en cuando a la zona de marcha de los mayores, me aconsejaba...creo que en todo menos en los estudios y en el baloncesto.

Después pasaron cosas, demasiadas como para que ella aguantara por estos lares y tuvo que emigrar. Aún en la distancia, nos seguíamos escribiendo y apoyando. Fue una época muy oscura que nos marcó a las dos para siempre, pero nunca perdimos el contacto e incluso viajé a escondidas para estar con ella un mes en Irlanda. Un mes muy bonito y que tuvo sus consecuencias.

Y creo que no me equivoco si digo que nunca hemos tenido una discusión seria, una pelea. La base es que, aunque pensemos de diferente manera, las decisiones que tome una o la otra, son decisiones válidas, porque confiamos en que creemos que es lo mejor para nosotras. Hace año y pico, me apoyó cuando iniciaba una relación y me seguirá apoyando, como yo a ella. Sé que lo ha pasado mal y ella sabe que yo también. Pero las dos sabemos que, con nuestros defectos, somos buenas personas.

Tiene un hijo que es un amor. Y no es coincidencia, es que lo ha educado muy bien. A veces no le entiendo, bueno casi nunca porque habla inglés, pero disfruto con él. Es un niño sensible, educado y muy generoso... Como ella. Y lo ha criado sin padre -con unos abuelos ingleses que son otro amor-, pero se ha deslomado para darle lo mejor y si no se lo podía dar, hacer que entendiera que en realidad es un privilegiado. Creo que lo comprende y de mayor será un gran chico. Espero que los ingleses, no lo fastidien.

Ella es mi hermana, mi tati. Tengo dos más, pero no me entiendo con niguna como me entiendo con ella. Creo que es porque nos elegimos hace tiempo. Es una de las personas más importantes de mi vida. Y le agradezco que me haya cuidado como lo ha hecho. Y que lo siga haciendo, como yo también intento cuidarla a ella.

Sí, creo que soy mejor persona porque aprendí de ella. ¡Y menos mal!






jueves, 13 de enero de 2011

Mina... de... carbón.


Te iba a mandar una nota con palabras manidas o con expresiones mil veces usadas. Que si "happy birthday to you, happy birthday to you...". "Feliz, feliz en tu día..." Supongo que no dejaré de hacer eso, pero no voy a enviarte una felicitación. Este año no.

Es curioso cómo se puede querer a una persona antes de conocerla. Eso me pasó contigo, puesto que tardé en conocerte, al menos físicamente. Sé que suena raro... sí, igual retumba en tu cabeza y te explota, pero no me desdigo.

Así que después de tanto edulcorante -creo que he terminado expresándome como no quería- te voy a decir...

Que tienes una de las miradas más limpias que he conocido. Que sí, que puede llegar a asustar si no se está acostumbrado, pero se puede ver lo que piensas a través de tus ojos... Creo que viene de familia.

Que tu voz da paz y cordura, aunque a veces te sientas la persona menos cuerda... Tu serenidad es aplastante y contrasta con mi inseguridad y mis palabras atropelladas.

Que lo que sale de tu cabecita loca es oro, que manejas el lenguaje como quieres, pones quitas, repones y le das la vuelta a las cosas de manera espectacular. Me conmueve al mismo tiempo que me enrabieta por no saber hacerlo como tú. Pero también te quiero por eso.

Que tienes humor negro, amarillo y eres escatológica en una frase y dulce en otra... Y no te queda mal, tienes ese don. Seguro que hasta cuando insultas lo haces con una elegancia aplastante.

Que ya van 27 lúcidos años, con sus gozos y sus sombras, como la vida de cualquiera. Espero que pese más la alegría que la tristeza, lo espero de corazón.

Y que gracias por escuchar, incluso cuando es evidente que no tienes ganas de hacerlo. Soy consciente a ratos de que mis intentos de mediación cansan al más peinado.

Supe que te iba a querer cuando me empezaron a hablar de ti. Y ahí sigo, como si de una hermana mayor se tratara.

Ya ves que al final todo lo escrito está manido y es cursi, pero si tú te pusiste aquel vestido rosa ese día de septiembre, creo que no pasa nada porque este chicle de fresa endulce tu "happy birthday".

Pongo en mi boca este poema del gran Benedetti.

VIVIR

Vivir es una loca maravilla

una proeza llena de promesas

con enigmas que vienen en la sombra

y canciones que son como banderas


vivir es trasladarse poco a poco

envueltos en el aire y el paisaje

sabiendo que a la vuelta de la esquina

todo es sencillo/ nada es memorable


y sin embargo en esa mansedumbre

esa dulzura / esa tolerancia

hay secretos que son para esconder

en los bolsillos y pliegues del alma


vivir es una suerte a corto plazo

aprovecharla es nuestro compromiso

no importa que fantasmas nos espíen

si al fin uno está en paz consigo mismo


hay que saber vivir con utopías

y con otras variantes de esperanza

y disfrutar lo mágico de un beso

al menos siete veces por semana.

PD: Algún día te escribiré algo que merezca la pena. El invierno no me deja navegar en un mar azul y tranquilo.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Somos.


Este año se nos fue... Murió Labordeta.

En estos días me acuerdo mucho de sus canciones y gracias a Rodo he descubierto este homenaje genial que han hecho en la asociación "Ara Cultural". Y como compartir es vivir, ahí os dejo parte de nuestra cultura aragonesa.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

La ducha psicótica invernal.

En la ducha. Inés Vilchez.


No hay nada más horrible en invierno que los instantes previos antes de meterte en la ducha. Tomar la decisión ya se te hace cuesta arriba, pero en un momento dado ya no te quedan más opciones que agarrarte los machos, quizá porque tienes una cita ineludible con el mundo exterior.

En cuanto entras al baño, dejas que corra el agua. Sí, ya sé que no es nada ecológico, pero en esta casa cuesta un poco que se caliente el agua, qué le vamos a hacer. El baño está frío, helado... casi moqueas hielo conforme te vas quitando la ropa. Y te quitas la camiseta dentro de la ducha, mientras sueltas todas esas barbaridades que no debería decir una señorita de buena familia -ahora ya señora, aunque les pese a algunos-.

Tras mojarte los pies, esos que iban por la casa con calambres de lo fríos que los tienes, decides colgar la alcachofa en su sitio, cual cantante del tres al cuarto, y todo tu cuerpo se llena ahora de agua mientras suena un grito en tu interior y contienes la respiración. Logras hablar y dices temblando... -¡Hostia qué frío, por dios santo y misericordioso!-. Más o menos.

Primero decides lavarte la cabeza para dar tiempo a que ese estupendo champú haga efectos mágicos, como dice la publicidad. Ni se te ocurre cerrar el agua, aunque sepas que por tu culpa, igual se secan los pantanos esos que Franco nos dio. Simplemente separas tu cabeza del chorro mientras mantienes el resto del cuerpo en una curvatura bastante dolorosa.

Lo siguiente es hacer el proceso inverso, es decir, coger el gel y repartirlo por tu cuerpo, eso sí, maldiciendo de nuevo porque, aunque el elemento huele bien, su temperatura a ras de piel deja mucho que desear. Te vuelves a colocar con la espalda ahora en forma cheposa o cifósica (antes fue una espalda lordósica), para que el champú siga actuando hasta que...

Hasta que llega ese momento por todos esperado, ese único instante que se puede prolongar hasta que te entre la mala conciencia, en el que toda tú estás bañada -o regada, es lo de menos-en agua calentita. No cambiarías ese instante por nada, pero nadie dijo nunca que la felicidad fuese eterna. El tramo final es el peor.

Sin pensarlo demasiado, coges la alcachofa, la bajas y decides regular la temperatura hasta que el agua se pone fría tirando a tibia o viceversa. Rápidamente te pasas el agua por las extremidades inferiores mientras maldices más allá de lo impensable. Y cierras de golpe el grifo, como si de un arma asesina se tratara. Rápidamente coges la toalla, el albornoz y a tu madre si la encuentras cerca para que te dé calor. Ya te has duchado. Comienza el secado.

No, no voy a entrar en camisa de once varas explicando un secado en invierno. Eso ya, si eso, lo dejamos para posteriores semanas. Tal vez para cuando vuelva a esa ducha inmunda que me deja limpia y aseada. Seguro que me he quedado con ganas de decirle algo. Me voy al baño.

martes, 30 de noviembre de 2010

Dolor y frío...

Nicoletta Ceccoli


Asusta. Asusta el frío y asusta el dolor. El dolor causado por el frío "tangible" y por el que hiela el alma. Asusta.

Asusta ese dolor que no le deja dormir, que no permite dormir durante la noche y que no deja que duerma la mente. Asusta.

Asusta el dolor que causa el ver a un ser "invisible" para algunos cuando es tan visible para mí. El dolor no se ve, se siente. Y asusta.

Así que aun asustada por este dolor, por este frío, por la falta de sueños y por la invisibilidad que genera este blog, yo grito.

Grito contra la incomunicación dolorosa, contra el dolor conocido, contra el frío que te apaga la llama.
Grito para hacerte visible, para que al menos haya "alguien" que recuerde que aunque tu dolor y el frío marquen parte de tu existencia, para mí siempre serás la persona que más calor me ha dado y menos dolor me ha causado.

martes, 23 de noviembre de 2010

Hipérbole del amor o amor híper-volado.


- Buenos días, cariño. (Le sonríe con legañas en los ojos)
-Buenos días, amor. (Entreabre los ojos y se moja la boca seca).
(Tras dos respiraciones profundas)...
- ¿Me quieres?
- Te quiero todo. ¿Y tú a mí? (Beso sin lengua con un abrazo tipo oso).
-Hasta el infinito y más allá, ida y vuelta. ¡Te adoro! (Beso, esta vez con lengua).
(Silencio cómodo, mientras se mecen).
-Sabes que no me gusta que me adoren...
-Te adoro con tus imperfecciones. Sé que no hay nadie perfecto. Y ya nos vamos conociendo...
-¿No te vas a cansar de mí? Me da la sensación de que te aburres conmigo...
- Esa sensación tengo yo, pero al revés...
- ¡Qué va! Yo me lo paso genial contigo!
- Yo también, cariño. Y no, no te voy a dejar. Eres lo más importante en mi vida.
- ¿No encontrarás a otra persona y te cansarás de mí?
- ¿Qué acabo de decirte? (Beso contundente). Lo eres todo para mí.

Duermen durante un par de horas más, no sin haber revoloteado antes por la cama. Cuando se despiertan...
- ¿Me quieres?
- Te quiero todo. ¿Y tú a mí?


Moraleja: Epi y Blas se comunicaban así y todos los niños (y adultos) se reían con ellos... La realidad siempre supera a la ficción... ¡o no!

martes, 26 de octubre de 2010

A las brujas malas, vengan de donde vengan.


Disculpen por las palabras, pero son importantes para el buen entendimiento...



Chica, debes estar tonta para querer seguir haciendo daño con esos comentarios que ya ni duelen, ni son reales. Cuando se deja de querer a alguien es lo que tiene, que ya no merece la pena ni responderle. Te respondo desde aquí, que sé que no lees. Puede producirte urticaria en tu mundo rosa chillón, pero yo me expreso también escribiendo, no sólo moviendo mi bocaza con la melena roja al viento.

No voy a responderte en la cara que llevo acudiendo al curro con el menisco roto desde hace tiempo. Tampoco te diré que he ido a currar día a día desde hace más de una semana mala (sangrando como un cerdo en el matadero), aunque ayer mi cuerpo dijera basta. Sé que no te importa, pero es erróneo cuando dices: "menos mal que eres funcionaria porque si no ya te habrían echado del trabajo".

Lo que te jode, es que yo haya sido capaz de estudiar una carrera con todo en mi contra y luego me haya sacado una oposición tras varios intentos fallidos. Lo que te jode es que yo no me he tenido que tirar a nadie para conseguirlo y que todo proviene de mi esfuerzo. Lo que te jode es que tú jodiendo y jodiendo puedas estar un día teniendo que joder otra vez y yo no lo haya hecho. Ni lo haré.

Así que no me des lecciones de moralidad, maja. No acepto la moralidad de alguien con unos valores que se mueven más que una veleta en un día de cierzo en el Moncayo. No me vengas de puritana ahora que nos conocemos.

Lo único que duele de todo este asunto es lo que me ha dolido siempre. Que se dude de mi profesionalidad. La salud no me acompaña, es cierto. Tengo algunas enfermedades desde los 21 años, también es cierto. He pasado depresiones, lo reconozco. Pero me gano la vida honradamente y trabajo todo lo que mi cuerpo me permite. No me hables así cuando tú siempre te has aprovechado de los demás y lo sigues haciendo. Cuando trabajo doy el 100% de mí misma e intento realizarlo de forma honesta y sin complejos de ningún tipo. La salud, mi mala salud no merma ya mis ganas de vivir. Y tú y los demás tampoco podréis hacerlo. Se siente, pero si te picas.... jódete.

O para que lo entiendas... "Dientes, dientes que es lo que les jode". Y feliz que estoy.

viernes, 8 de octubre de 2010



Y te vi, al entrar al pasillo
con tus labios tornados en sonrisa sincera,
con tus ojos color aceituna y miel...

Y te sentí al unir nuestras manos,
con tu corazón latiendo arrítmico,
con tus dedos tocando mis dedos...

Y te escuché mientras me hablabas
con tu palabra serena y honesta,
con tu mirada entre cómplice y curiosa...

Y recuerdo que dijiste bien alto
"Sí quiero", consciente de que aquello
nos uniría más que cualquier otro momento...

Y desde entonces...sí, ha pasado el tiempo,
la vida nos va engullendo,
y aun cansada te recuerdo en ese instante,
donde sólo tú y yo, bailamos muy lento.